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DE BAJA NOTA

DE BAJA NOTA Laura Inés Castro - imagen de archivo
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Así estamos los tolimenses con las pésimas noticias que recibimos sobre nuestros gobernantes, que ponen a pensar a más de uno en la posibilidad de quedarnos sin ellos. En todo el territorio tolimense, se percibe un ambiente de preocupación y zozobra, al menos entre los gobernados porque los políticos cuadriculan sus mentes en jugadas de ajedrez para ver cómo cambiará el panorama político en su favor y si es en su contra, para contrarrestar esos adversos efectos.

La filosofía popular dice que, en este país, no se le niega a nadie una investigación y en el caso de Oscar Barreto y de Guillermo Alfonso Jaramillo, Gobernador y Alcalde respectivamente, ellas están a la orden del día.

Tampoco es un secreto que las investigaciones se mueven o aquietan conforme las influencias y afinidades políticas que  tenga el  afectado, con equis o ye  funcionario de dichos organismos de control, vigilancia y fiscalización a  cargo de la misma, que muchas veces unos procesos duermen el sueño de los justos en una gaveta, pero cuando los enemigos personales y/o políticos del afectado logran permear con sus influencias en esas instancias, los procesos corren con otra suerte y las investigaciones y sus resultados, son notorios y de mayor impacto.

Desde la semana anterior, el gobernador tiene en vilo su suerte político-administrativa con el departamento, ante la incertidumbre de si saldrá bien librado de los hechos que se le imputan, o por el contrario deberá afrontar las consecuencias de unos delitos que lo llevarían a dejar su cargo, trayendo esta nueva situación, un panorama de desgobierno y desprestigio para el departamento que es inmerecido.

En esas circunstancias, resulta poco efectivo que un plan de gobierno se cumpla cabalmente y por lo pronto se sigue en un estéril ejercicio político de mucho bla, bla, pero de pocas acciones en favor de los tolimenses.

Por los lados del Alcalde, también hay sombras de peligro, en caso de comprobarse algún delito en la demanda penal que está atendiendo en una fiscalía de la ciudad.

Ibagué está de baja nota desde hace rato, con la pésima administración del anterior alcalde, y sigue de baja nota con la regular gestión del actual, a quien los líos con los entes de control no lo dejan despejar la mente, para focalizarse en los megaproyectos que tiene pensados para la ciudad.

De seguro, los tolimenses anhelan o piensan con las ganas para que los dos mandatarios solventen favorablemente estas situaciones, en aras a garantizar la estabilidad sociopolítica de un territorio de gente buena, trabajadora, que no pierde la esperanza de un futuro mejor.

Punto final: Ibagué, necesitará más de 36 años para recuperarse de la tragedia que generó el honorable corrupto Orlando Arciniegas Lagos.