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LA CRISIS DE AUTORIDAD Y LA CORRUPCIÓN

LA CRISIS DE AUTORIDAD Y LA CORRUPCIÓN Agustín Angarita - imagen de archivo
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A medida que las ciudades van creciendo van apareciendo problemas complejos cuya solución amerita un cuidadoso estudio. Uno de estos problemas es el relacionado con la crisis de autoridad. El afán de los candidatos por llegar al poder, los lleva a establecer todo un mar de compromisos con sus posibles aliados en la elección. Por lo general, estos aliados están organizados. Saben que su ayuda será valiosa para los intereses del candidato. Y cobrarán caro su apoyo. Aunque no siempre es en dinero que ellos tasan el precio de su apoyo electoral. Con mucha frecuencia es en recorte de autoridad.

Los contratistas de la construcción, que con frecuencia ya no son sólo ingenieros o arquitectos, aportan votos y dinero, y cobran su apoyo en “vista gorda” de la autoridad de los interventores y demás encargados de la vigilancia.  Los que manejan el transporte masivo, que también están organizados, lo primero que hicieron fue votar por sus propios representantes a los cuerpos de elección popular. Degenerando en una situación particular: estos concejales, diputados o congresistas no representan a toda la sociedad, sino únicamente a los intereses sectoriales de quienes los eligieron. Entonces hay concejales de los viviendistas, de los maestros, de los taxistas, de las empresas de transporte masivo, de los embellecedores de calzado, de los textileros, de los empresarios de cuero, de los sindicalistas y un largo etc. Dejan de ser representantes del pueblo en general para ser representantes de un sector social y obedeciendo a los intereses particulares de dicho sector.

Cuando estos últimos son elegidos, cobran de dos maneras: antes de la elección del mandatario al que se comprometieron a ayudar, exigiendo a cambio del apoyo normas laxas para beneficio del gremio. Una vez elegidos, ellos desde adentro, tramitan las medidas que le hacen esguinces a la autoridad a favor de su sector. De tal manera que si usted quiere saber qué tanta autoridad NO tiene un gobernante, revise quienes lo rodean, quienes le financiaron la campaña y entenderá por qué no puede ejercer su autoridad.

Esto explicaría por qué unos sectores grandes de los camioneros quieren hacer lo que les parece, igual que muchos taxistas, dueños de busetas, vendedores ambulantes, algunos comerciantes, industriales y banqueros, los constructores y muchos otros gremios. Ellos saben que la autoridad ya está hipotecada. En algunas ocasiones, como para que la ciudadanía no desconfíe del gobernante hacen algunas escaramuzas de autoritarismo y bravuconadas, para que todo siga igual.

Esto lo saben los delincuentes, quienes también pagan la venalidad de quienes deben fungir como defensores del orden, la moralidad pública y los intereses de la ciudadanía. Razón tienen los que dicen que la ley es para los de ruana.

El ex presidente Álvaro Uribe hizo su primera campaña a la presidencia ofreciendo lo que mucha gente anhelaba: autoridad, orden, disciplina, combate a la corrupción, al clientelismo y la politiquería. La gente le respondió y votó masivamente por él. Al llegar al poder cargado de compromisos, se estrelló en el congreso y el gobierno con una clase política y dirigente que no estaba dispuesta a dejarse quitar el botín atesorado durante años. Uribe entonces, para obtener gobernabilidad concilió su autoridad. Y para mantenerse recurrió al autoritarismo, la politiquería y a los pactos con la mafia. En Ibagué el alcalde se hizo elegir prometiendo de todo. Hoy como no le ha cumplido sino a unos pocos y el descontento crece como espuma, saca su autoritarismo y grosería ancestral para ocultar sus promesas incumplidas. Pero la corrupción sigue, aunque pague costosos avisos en las primeras páginas de los periódicos diciendo lo contrario.

O si no que nos diga dónde quedó la plata en dólares que le pagaron a los coreanos que prometieron obtener energía para el alumbrado público del aprovechamiento de las basuras, y del que tanta alharaca hicieron en su momento. Tampoco nos ha explicado la triangulación y falta de objetividad en el contrato interadministrativo 906 del 16 de julio de 2016 con las empresas públicas de Sabaneta para evadir la licitación y poder entregar a dedo un contrato de casi 300 millones de pesos. La corrupción no cesa…

Agustín Angarita Lezama