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LOS DESASTRES, LA NATURALEZA Y SU MEMORIA

LOS DESASTRES, LA NATURALEZA Y SU MEMORIA Agustín Angarita - imagen de archivo
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El Alzheimer es una enfermedad que tiene que ver con la memoria y el olvido. Es un mal que nos roba la memoria sumiéndonos en el mundo oscuro y denso del olvido. Una enfermedad que hemos denominado el Ladrón de los recuerdos. Los seres humanos, como mecanismo defensivo, como una manera para poder vivir, olvidamos muchas cosas, sobre todo los episodios más dolorosos y dañinos. Es curioso, pero cuando se charla con un enfermo de demencia senil, su memoria ha perdido muchos recuerdos, sobre todo los más recientes, pero casi siempre retiene y recuerda los mejores sucesos, las mejores remembranzas de su pasado. Quiere decir, que lo último que se pierde son los mejores recuerdos, esos que se han guardado con celo y cariño.
La naturaleza se comporta distinto a los humanos. Su memoria nunca olvida. Todo lo recuerda. Además, ella no funciona por pedazos, por partes, desarticulada. En la naturaleza el motor de la vida es el vínculo. Nada ocurre de forma aislada, todo se relaciona con todo y lo que ocurre en un lugar se refleja y repercute en todo el sistema. Todo está vinculado.
Si los humanos deciden alterar la naturaleza, impulsados por la creencia que todo lo pueden controlar, dominar y manipular, ella recordará para siempre lo que le hicieron. Si se desvía un río, o se canaliza o entuba una quebrada, el río y la quebrada nunca olvidaran su cauce originario. Por ejemplo, los humedales son terrenos que le permiten a los ríos compensar sus cambios de caudal. Son tierras inundables que hacen parte sistémica del río. Pero los politiqueros y traficantes de ilusiones, las utilizan para hacer urbanizaciones, autopistas o ensanchar fincas y haciendas. Son terrenos que pertenecen al río y que los humanos creen que se los pueden quitar sin que él proteste. Están muy equivocados. El río recuerda y retoma sus terrenos, por eso los inunda cuando los necesita. El río no entiende de viviendas o urbanizaciones construidas en sus terrenos, no entiende de ganado pastando en sus espacios, tampoco de carreteras, puentes, bibliotecas, cultivos ni fincas usurpando lo que es suyo. La lluvia no entiende de terrenos que han sido desestabilizados para sembrar cultivos, o por carreteras o actos humanos. La tierra desacomodada simplemente se acomoda y no se preocupa si causa daños a los usurpadores…
En Colombia pasamos de la sequía a las inundaciones. Cada año son millones los damnificados que miran con desconcierto a los ríos, montañas y quebradas. Los tratan como si ellos fueran traicioneros, agresivos o inclementes, como si ellos tuvieran la culpa. El gobierno que no entiende la naturaleza y sólo le preocupa lo inmediato, y mostrar resultados a cualquier costo, ente las inundaciones, los deslizamientos, los incendios forestales, los terremotos, etc., dice ridiculeces como esta: “Todo está bajo control” y sale a pedir limosna para atender a las víctimas de los desastres, que él mismo por su negligencia y estulticia, ha permitido a las gentes, generalmente humildes, habitar donde no se debe, sembrar donde no toca y construir cosas donde no se deberían ejecutar.
No podemos seguir pensando que la naturaleza olvida y que tenemos permiso para hacerle todo tipo de tropelías sin ninguna consecuencia. Ella recuerda, ella no olvida y somos los humanos, los animales domesticados por los humanos, las plantas y árboles sembrados por los humanos y las construcciones y bienes humanos los que pagamos por la imprudencia. Por eso se dice que los desastres nunca son naturales, son sociales. A propósito de la terrible avalancha que casi acabó con Mocoa y que debió prevenirse, vale la pena reflexionar: la sociedad actúa contra la naturaleza creyendo domeñarla, pero la naturaleza simplemente, no olvida y tarde o temprano actúa…

Agustín Angarita Lezama, Médico cirujano y profesor universitario.